La gratitud como una habilidad para afrontar los momentos difíciles
Noviembre suele llegar acompañado de invitaciones a agradecer. Sin embargo, hay momentos en los que esa invitación se siente complicada. Quizás estás atravesando una pérdida, una preocupación económica, un cambio inesperado o un cansancio que no se resuelve con una buena noche de sueño.
En esas circunstancias, escuchar “deberías agradecer lo que tienes” puede sentirse como si no hubiera espacio para lo que te está pasando.
¿Cómo agradecer cuando hay cosas que duelen? ¿Es posible sentir gratitud y, al mismo tiempo, reconocer que no estamos bien?
Sí. Ambas experiencias pueden tener espacio en nuestra vida.
Darle lugar a lo que sentimos
Podemos agradecer la compañía de alguien y seguir sintiéndonos tristes. Valorar nuestro trabajo y reconocer que necesitamos descansar. Disfrutar un momento con nuestra familia y continuar preocupados por lo que viene.
La gratitud no exige que desaparezcan las emociones difíciles. Tampoco nos obliga a encontrar una lección en cada experiencia dolorosa.
No tienes que agradecer una pérdida, una injusticia o una situación que te hizo daño. Puedes, si te hace sentido, reconocer algo que te haya acompañado mientras la atraviesas: una persona que escuchó, una ayuda concreta, un momento de tranquilidad o tu propia decisión de buscar apoyo.
A veces, agradecer comienza con una frase sencilla: “Esto sigue siendo difícil, y hoy hubo algo que me ayudó”.
¿Cómo puede ayudarnos a afrontar la adversidad?
Las habilidades de afrontamiento son maneras de responder a las demandas y dificultades de la vida. Algunas nos ayudan a actuar sobre un problema; otras, a manejar las emociones que lo acompañan. La gratitud puede formar parte de esos recursos.
Practicarla consiste en detenernos a reconocer algo que valoramos. En un momento difícil, esa pausa puede servir para identificar los apoyos con los que contamos y aquello que nos ofrece un poco de alivio.
Por ejemplo, agradecer que una amiga haya estado disponible puede ayudarnos a reconocer que tenemos a quién llamar. Valorar un rato de descanso puede recordarnos que necesitamos proteger ese espacio. Reconocer el esfuerzo de haber pedido ayuda puede ser una manera de tratarnos con más consideración.
La investigación ofrece resultados alentadores, aunque modestos. Un metaanálisis de 25 ensayos aleatorizados encontró pequeñas mejoras en bienestar psicológico con ejercicios de expresión de gratitud, frente a actividades de comparación neutrales. Esto sugiere que puede ser un recurso útil, sin que funcione igual para todas las personas ni resuelva por sí solo una situación difícil. Consultar el estudio
Una gratitud que también permita poner límites
Agradecer lo que tenemos no elimina nuestro derecho a necesitar algo distinto.
Puedes valorar una relación y pedir cambios. Agradecer una oportunidad y reconocer que ya no puedes sostenerla. Sentir cariño por alguien y establecer la distancia que necesitas.
La gratitud puede acompañar decisiones de cuidado. No debería convertirse en una razón para tolerar daño, callar necesidades o compararnos con quienes “están peor”.
Tu dolor merece atención, aunque también existan cosas buenas en tu vida.
Una práctica sencilla para este mes
Cuando tengas un momento, toma una hoja o abre las notas de tu teléfono. Completa estas tres frases, sin exigirte sentir algo en particular:
1. Hoy reconozco que me está costando…
Nombra lo que ocurre con honestidad: la incertidumbre, el cansancio, una conversación pendiente o extrañar a alguien.
2. En medio de esto, hoy valoro…
Elige algo específico y real. Puede ser una llamada, una comida preparada con cariño, unos minutos de silencio o haber podido expresar lo que necesitabas.
3. Para acompañarme mejor, mi próximo paso será…
Piensa en una acción pequeña: pedir ayuda, descansar, organizar una tarea o comunicar un límite.
Podría verse así:
“Hoy me está costando manejar tanta incertidumbre. Valoro que mi hermana me escuchara sin apresurarme. Mi próximo paso será pedirle que me acompañe a resolver una de las gestiones pendientes”.
Esta práctica permite reconocer tanto la dificultad como los recursos disponibles. No necesitas hacer una lista larga ni convertirla en otra obligación.
¿Y si hoy no encuentro nada que agradecer?
Puedes dejar el ejercicio para otro momento.
Hay días en los que identificar algo que valoramos resulta difícil. Eso no te convierte en una persona ingrata ni significa que estés afrontando mal lo que ocurre.
Tal vez hoy una pregunta más amable sea: “¿Qué necesito para atravesar este día con un poco más de apoyo?”
La gratitud puede ser parte de nuestro cuidado, junto con el descanso, los límites, la ayuda de otras personas y el acompañamiento profesional cuando lo necesitamos.
Este noviembre, puedes acercarte a ella a tu ritmo. Sin exigirte estar bien. Con espacio para reconocer lo que duele y también aquello que, por pequeño que parezca, te acompaña.
“Hoy puedo reconocer lo que me duele y darle espacio a lo que me sostiene”.
Myrna Ortiz Rodríguez
Psicóloga
Amparo Psychology & Wellness
Contenido educativo y de bienestar general. No sustituye servicios de salud mental ni atención en crisis.
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